El Blog de Alex Cerrato y Arony Dominguez

 

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Las apariencias no importan

Post publicado por: Alex el dia 14 de Noviembre, 2006, 18:34. en Calidad de Vida.
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Linda Littaquer, en uno de sus libros, cuenta acerca de una congregación evangélica que se decidió de hacer una actividad evangelizadora de verdad.

Frente a su iglesia había una universidad. Eran los años de la revolución del amor, la década de los 70s. Los hippies estaban por todos lados con sus ropas psicodélicas, los pies descalzos o con sandalias, los jeans con flores, los varones usaban el pelo largo y barba, y las mujeres vestían ropa que escandalizaba a las damas conservadoras de esos días.


Los hermanos de aquella congregación cruzaron la calle y fueron hasta donde estaban los jóvenes para entregarles las pequeñas porciones escritas de la Biblia e invitarlos a su iglesia.

Un domingo en la mañana, uno de esos jóvenes llego con la invitación en la mano. Venia con sus ropas habituales, con gargantillas en el cuello maloliente y con una barba de meses. Cuando entro le pregunto a un a mujer si el asiento de la última fila estaba desocupado; la mujer, que lo observo de la cabeza a los pies, le dijo rápidamente: Esta reservado.


El joven comenzó a caminar por el centro del templo, buscando un lugar donde sentarse. Sin embargo, a medida   que avanzaba la gente se iba apartando y negándole  con la cabeza el asiento. La mayoría dejo de escuchar al pastor que estaba predicando. Muchos comentaban en voz baja ¿como era posible haber dejado entrar en la iglesia a alguien que vestía de manera tan estrafalaria?

Cuando el joven llego hasta la primera fila, no encontró donde sentarse; así que se sentó tranquilamente adelante en el pasillo, frente al publico donde el pastor que predicaba observaba   todo lo que estaba ocurriendo.


De pronto de la ultima fila, se paro un hombre; un venerable anciano conocido por todos; un líder de la congregación. Renqueaba de una pierna, así que avanzaba con dificultad. A medida que avanzaba por el pasillo. La gente sonreía pensando: "al fin alguien va a hacer algo" cuando el anciano llego hasta la primera fila, dejo su bastón a un lado y, palmeando al joven en la espalda y saludándolo, con una gran sonrisa se sentó junto a el en el suelo.


Ya dejémonos de  prejuicios en cuanto a la forma de vestir de alguien. Que carajos importa como se ve, el hábito no hace al monje y aunque suene trillado "lo que importa es lo de adentro".